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-preguntó el farmacéutico relajando todos los músculos de su cara-. ¡Para qué? Para mi sosiego. para dormir, para comer. para vivir; ¡caray! para vivir, mi señor don Alejandro. Para todo eso. Bermúdez que, por lo que le decían aquellas palabras y lo que leía en la voz y en el aspecto lastimoso de aquel hombre a quien tanto había estimado y estimaba, calculaba la intensidad del daño que le había hecho con su violenta medida, sintió muy hondos pesares de no haberla meditado más, y maldijo la negra fortuna que le conducía a extremos tan rigurosos. -Siéntese usted, amigo mío -le dijo apiadándose de él-; repóngase un poco, y dígame luego cuanto tenga que decirme. Le arrimó una silla y se sentó en ella don Adrián. Él permaneció de pie delante del boticario, y con las manos en los bolsillos. Don Adrián Pérez, después de colocar el sombrero en la silla inmediata y de enjugarse otra vez la carita lacia con el pañuelo, comenzó a hablar de esta suerte: -Yo, señor don Alejandro, me encontré antes de anoche. precisamente antes de anoche, eso es, cerradas las puertas de esta casa. quiero decir, nos las encontramos; porque mi hijo venía conmigo: veníamos juntos, eso es. El caso era de notar por nuevo. por nuevo, es verdad, pero no por cosa peor; porque cabía creer que fuera medida, sí, señor, medida general. ¡Caray, si cabía! Pero no lo fue, mi señor don Alejandro, ¡no lo fue!

85 min La Competición De Bikini Es El Deporte Nacional De Brasil.

69 min La Competición De Bikini Es El Deporte Nacional De Brasil. Parecía el mal pariente de aquella familia militar; y como su conducta, su observancia rigurosa de las leyes del ejército, y su exactitud, eran un reproche constante para el coronel, que solía relajar la disciplina, éste deseaba con toda su alma desembarazarse de tan incómodo subalterno. He dicho antes que Valle prometió a su amigo Flores llevarle a casa de su prima. El don Juan, a quien pareció seductora la promesa, deseoso como estaba de conocer a las beldades de Jalisco, para quienes esperaba ser tan simpático como siempre, no perdió oportunidad de recordar a Valle su oferta; y al día siguiente, después de terminadas las ocupaciones militares del cuartel, los dos jóvenes se dirigieron a la plaza principal a practicar un reconocimiento, presumiendo, como era natural, que allí habría bellezas que contemplar y amigos que les sirvieran de cicerones. Era domingo, y la mañana estaba hermosísima; pero en la plaza, cuyo cuadro está embellecido con una hilera de naranjos, no encontraron nada de particular, pues la reunión más notable se hallaba en el atrio de la Catedral, en la que se celebraba la misa de doce. Este atrio se halla limitado por una soberbia y magnífica reja de hierro. Nuestros oficiales, llamando la atención por su elegante uniforme, y particularmente Flores por su gallardo continente, atravesaron la puerta de la reja y penetraron al interior del templo, cuya magnificencia omito describir para no parecer fastidioso. Sólo diré a ustedes que los jaliscienses se enorgullecen de poseer tan suntuoso edificio, obra del arquitecto Martín Casillas, el maestro más insigne que había en aquellos tiempos, según ellos dicen. Cuando los oficiales entraron, la misa estaba concluyéndose, y mientras que Valle, más artista y más observador, examinaba la fábrica del templo, la forma y riqueza de los altares, y se fijaba con curiosidad en los sombreros viejos de los obispos difuntos, que están pendientes de un hilo arriba de cada uno de los altares, y acerca de los cuales se cuentan muchas candorosas tradiciones que el joven recordaba sonriendo, Flores, más inclinado a contemplar las bellezas humanas que las bellezas arquitectónicas y las antigüedades, recorría con admiración los diversos grupos de encantadoras hijas de Guadalajara, que llenaban las naves de la Catedral y en derredor del altar en que se celebraba el Oficio Divino. - Hombre, Valle, deje usted de contemplar santos como un bobo y mire los primores que hay aquí. ¡Canario! qué muchachas tan deliciosas tiene Guadalajara. Valle miró y quedo asombrado. En efecto, había allí un centenar de mujeres hermosas, hermosísimas, como las sueñan los poetas, como las pintan los enamorados. Las naves resplandecían más que con el fulgor de los blandones y con los rayos de luz que penetraban por las ventanas, con el brillo de tantos ojos negros que parecían encendidos, no por el tibio fuego de la piedad, sino por la hoguera abrasadora del amor y del deseo. La misa había concluido; los oficiales vinieron a situarse en la puerta principal, y allí pasaron revista a todas las bellezas que acababan de ver en conjunto y de'prisa. Todas ellas se fijaban en los dos jóvenes, y con especialidad en Flores, que estaba soberbio de belleza, de elegancia, y que tenía en su semblante y en su apostura ese no sé qué poderoso e irresistible que atrae infaliblemente las miradas y el corazón de las mujeres. De repente se acercaron a ellos dos jóvenes gallardas y majestuosas como dos reinas. Una de ellas tenía cubierto el semblante con un espeso velo.

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Hd Evan Angelina A Los Monstruos De La Polla

103 min Evan Angelina A Los Monstruos De La Polla -Dices bien, Dick; pero para eso es preciso no caer -respondió el doctor, mirando el barómetro. -Por si acaso, Joe -repuso Kennedy-, no estaría de más preparar las armas. -Eso no puede perjudicarnos, señor Dick; ha sido una suerte no haberlas sembrado por el camino. -¡Mi carabina! --exclamó el cazador-. Espero no separarme nunca de ella. Y Kennedy la cargó con el mayor cuidado. Le quedaba aún pólvora y balas suficientes. -¿A qué altura nos mantenemos? -preguntó el cazador. -A unos setecientos cincuenta pies. Pero ya no tenemos la posibilidad de buscar corrientes favorables subiendo o bajando; nos hallamos a merced del globo. -Lo cual es un grave inconveniente -repuso Kennedy-. El viento es bastante flojo; si hubiéramos encontrado un huracán como el de otros días, ya habríamos perdido de vista a esos infames bandidos. -Esos malditos -dijo Joe- nos siguen sin ninguna dificultad, al trote. ¡Un auténtico paseo! -Si los tuviésemos a tiro -dijo el cazador-, me divertiría derribándolos a todos uno tras otro. -¡Buena la haríamos!

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HDTVRIP Hombres Del Ejército Follan A La Joven

83 min Hombres Del Ejército Follan A La Joven ¿No podrá usted influir en que se prohíba? El ajenjo es una llaga social, créame usted, señor juez. Pero el matador de la señora Enoque ha declarado, con sinceridad extraordinaria: -J'avais pris trois absinthes avant de «faire mon coup», pour être sûr d'avoir «du coeur au ventre. Necesitado de hacerse malas tripas para matar a la señora Enoque, el miserable, que, conociéndose a sí mismo, sabía que estando sereno no se atrevía a matar una mosca, bebió tres ajenjos. ¿Por qué tres, y no dos o cuatro? Muy sencillo: porque la legión de criminales natos que emplean el ajenjo para fabricarse «un corazón en el vientre» saben de antemano las dosis que necesitan. No sólo los crímenes, sino también las aventuras y heroísmos, están sujetos a dosis de ajenjo. Hay orador que necesita templarse con cuatro ajenjos; periodista a quien el artículo no le sale si no va regando con dos ajenjos las cuartillas; tenorio que precisa enardecerse con tres copitas; camorrista que lleva al terreno las armas juntamente con una cantimplora de lo verde; jugador que necesita cinco ajenjos para tener ánimo en el tapete; etc. Todos han estudiado las dosis que les hacen falta. Con cuatro ajenjos, decía uno de ellos, no tengo bastante. Seis son mucho. Con cinco no llego a emborracharme y adquiero el brío necesario. Mi dosis es cinco, ni uno más ni uno menos. ¡Cuántos crímenes evitaría la prohibición del ajenjo! Cierto. ¡cuántas grandezas también! Son legión los hombres públicos para quienes una botella de ajenjo es una muleta imprescindible.

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500 mb Spokane Y Citas O Gay Y Personales

ULTRA HD 4K Spokane Y Citas O Gay Y Personales Al oír entrar al viejo Rivas, me acerqué al comedor para sorprender algo de lo que dijeran. El juicio era, más bien, favorable para mí. Don Higinio estaba pronto a creer que los Zapata habían ido demasiado lejos, tanto más cuanto que los muchachos criollos son amigos de la libertad y no «hijos del rigor», y a mí se me había transplantado violentamente de la independencia casi total a una especie de encarcelamiento. -Pero, así y todo -terminó-, es preciso que se haga hombre, ¿no es cierto, misia María? Sostenido nerviosamente por las mismas emociones, en cuanto los viejos se fueron al club, consideré que cualquier cosa era mejor que meterme como un tonto en cama, y sin pedir permiso a nadie me escabullí en busca de mis camaradas. La visita de don Higinio me había hecho pensar en Teresa, pero esta evocación quedó muy en segundo término, siendo lo dominante la tentadora «farra» con los amigotes. Sin embargo, al salir muy recatadamente, para evitar las posibles inútiles objeciones de Mamita, oí un siseo que partía de su ventana, allí, en la casa de enfrente. Sabiendo mi llegada, Teresa me aguardaba a la reja, segura de que iría a conversar con ella o temerosa de que no la recordara -caben ambas interpretaciones en el determinismo femenil. Al sentirla allí, súbitamente despertados mis instintos novelescos, vuelto a la vida de antes, corrí a la ventana a saludar en ella toda la poesía erótico-sentimental que encarnaba para mí. A mis transportes, al propio tiempo ingenuos y perversos, respondió la niña con una emoción intensa y contagiosa. Su pobre alma se enajenaba más con los sentimientos que con las pasiones, mientras yo, como un actor, me entusiasmaba con el papel que las circunstancias me distribuían, pronto a ser Otelo o Marco Antonio, Don Juan o Marsilla. La dije -y en aquel momento yo mismo lo creía- que había vuelto a Los Sunchos, despreciando los esplendores de la ciudad, sólo porque no podía vivir lejos de ella. Y tanto efecto le produjo este eterno y tonto estribillo, que asomando la carita morena entre dos barrotes de hierro me tendió como una flor los labios frescos y rojos, para darme el primer beso. Como mi fiebre de acción no me permitía quedarme allí, platónicamente, observé a Teresa que podrían sorprendernos y que no quería enojar más a Tatita, para quien estaba en cama desde hacía mucho. Minutos después entraba en el Café de la Esperanza, buscando a mis amigos, y la casualidad quiso que Papá estuviera allí, jugando a la treinta y una ciega. Hizo como que no me veía, y siguió su partida tranquilamente. Este síntoma me pareció mucho más favorable y decisivo que todos los anteriores. ¡Adiós los Zapata!

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65 min Fitten Vino Tinto Satén Ropa Interior Corsé

31 min Fitten Vino Tinto Satén Ropa Interior Corsé ya lo creo que puedo, querida mía -dijo Julia. «Tú» puede que sí -respondió Dora cogiendo la mano de Julia entre las suyas-. Perdóname no haberte exceptuado enseguida. De aquello deduje que miss Mills había sufrido las vicisitudes de la vida y que era a eso a lo que podía atribuirse sus maneras llenas de gravedad benigna, que ya me habían chocado. En el transcurso del día supe que no me había equivocado; mis Mills había tenido la desgracia de enamorarse mal, y se decía que se había retirado del mundo después de aquella terrible experiencia de las cosas humanas; pero que se tomaba siempre cierto interés por las esperanzas y afectos de los jóvenes que no habían tenido todavía desengaños. En esto míster Spenlow salió de la casa, y Dora se adelantó a él diciendo: -¡Mira, papá, qué flores tan hermosas! Y miss Mills sonrió con aire pensativo, como diciendo: -¡Pobres flores de un día, gozad de vuestra existencia pasajera bajo el sol brillante de la mañana de la vida! Y todos abandonamos el césped para subir al coche, que ya estaba enganchado. Nunca volveré a hacer una excursión semejante; nunca la he hecho después. Iban los tres en el faetón. Su cesta de provisiones, la mía y la caja de la guitarra también iban. El faetón era descubierto, y yo seguía el coche; Dora iba en la parte de delante, frente a mí. Llevaba mi ramo a su lado, encima del asiento, y no permitía a Jip que se subiera allí por miedo de que aplastara mis flores. De cuando en cuando las cogía para respirar su perfume; entonces nuestros ojos se encontraban, y yo me pregunto cómo no salté por encima de la cabeza de mi bonito caballo gris para caer en el coche. Había polvo; creo que hasta mucho polvo. Tengo el vago recuerdo de que míster Spenlow me aconsejó que no caracoleara en el torbellino de polvo que dejaba el faetón; pero yo no me daba cuenta. Yo no veía más que a Dora a través de una nube de amor y de belleza; no podía ver otra cosa.

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95 min Chicas Universitarias Desnudas En Tubo Caliente

73 min Chicas Universitarias Desnudas En Tubo Caliente No digo nada tierno a miss Shepherd, pero nos comprendemos. Miss Shepherd y yo vivimos en la esperanza de estar un día unidos. ¿Por qué doy a hurtadillas a miss Shepherd doce nueces de Brasil? No expresan cariño; son difíciles de envolver, formando un paquete poco regular; son muy duras y cuesta trabajo cascarlas aun en la rendija de una puerta; además la almendra es aceitosa. Sin embargo, me parece un regalo conveniente para ofrecer a miss Shepherd. También le llevo bizcochos calientes y naranjas, muchísimas naranjas. Un día doy un beso a miss Shepherd en el guardarropa. ¡Qué éxtasis! Y cuál es mi indignación al día siguiente cuando oigo rumores de que miss Nitingal ha castigado a miss Shepherd por torcer los pies hacia adentro. Miss Shepherd es la preocupación y el sueño de mi vida. ¿Cómo es posible que haya roto con ella? No lo sé. Sin embargo, es un hecho. Oigo contar bajito que miss Shepherd se ha atrevido a decir que le fastidia que la mire tanto, y que ha confesado que le gusta más Jones. ¡Jones! ¡Un muchacho que no vale la pena! El abismo se abre entre nosotros. Por último, otro día que me encuentro, mientras paseo, con las alumnas de miss Nitingal, miss Shepherd hace un gesto al pasar y se ríe con su compañera.

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63 min Mary Kate And Ashley Olsen Fotos Desnudas todo el día. ¿Y me prometes no enfadarte si las cosas van algo trastornadas? -No, no; trataremos de hacerlo lo mejor posible. -Y no volverás a decirme que estropeamos a los que nos rodean --dijo con mimo-, ¿no es verdad? ¡Está tan mal! -No, no -dije. -Más vale todavía que sea estúpida que desagradable, ¿no es verdad? -Más vale ser sencillamente Dora que cualquiera del mundo. -¡El mundo! ¡Oh mi Davy, el mundo es muy grande! Y sacudiendo alegremente la cabeza, volvió hacia mí sus ojos encantados, se echó a reír, me abrazó y saltó para alcanzar a Jip y probarle su nuevo collar. Así terminó mi último intento de cambiar a Dora. Había sido una equivocación el intentar cambiarla: no podía soportar mi formalidad solitaria, no podía olvidar cómo me había pedido que la llamara mi < mujer-niña». En el futuro, pensaba, trataría de mejorar lo más posible las cosas, pero sin ruido; esto no era muy fácil: estaba siempre expuesto a volver a mi papel de araña que espía desde el fondo de su tela. Y ninguna sombra debía volverse a poner entre nosotros; ya sólo debían pesar sobre mi corazón. ¡Van a ver ustedes cómo! El sentimiento penoso que había concebido hacía tiempo se extendió desde entonces sobre mi vida entera, más profundo quizá que en el pasado, pero más vago que nunca, como el acento quejoso de una música triste que oyera vibrar en medio de la noche.

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400 mb Putas Viejas Viejas Atractivas Follando

71 min Putas Viejas Viejas Atractivas Follando Lo que sí sabemos es que salieron aquel día de sus acerados cofres todos los diamantes de su bisabuela, y que Luisa cargada de todos ellos se quejaba por la noche de una horrible jaqueca. Pero, en fin, lo cierto es que concluido el tocador doña Serafina declaró que estaba tan hermosa y tan bien prendida, como lo estuvo la misma Leonor el día que dio su mano al difunto, y que la ama de llaves, el mayordomo, la doncella y hasta la cocinera, quedaron deslumbrados a la vista de tanta hermosura y de tantos diamantes. La hora de la visita se acercaba: doña Leonor habiendo ya concluido todos sus preparativos se había sentado majestuosamente en su enorme sillón de damasco encarnado con galón de plata, recogiendo cuidadosamente su vestido de raso de color de hoja seca, y acomodándose simétricamente en los hombros su pañuelo de crespón de la India. Doña Serafina y doña Beatriz, sus únicas amigas, llenaban un canapé o sofá que formaba juego con el sillón, adornadas también con lo más selecto de sus guardarropas; y junto a su madre, en un taburete antiguo, Luisa estaba sentada con timidez y abrumada bajo el peso de sus joyas, oyendo las prudentes advertencias que la hacían alternativamente su madre y sus amigas. Mientras tanto la pobre niña allá en sus adentros se admiraba sin poder comprender a qué se dirigía tanta solemnidad. Se le había dicho mil veces que estaba destinada a casarse con su primo, pero la inocente no daba a esta palabra un significado tan terrible como debiera. Se acordaba de un muchacho muy bonito que le rompía sus muñecas, pero que, en cambio, la regalaba pajaritos y dulces, y nada veía que la espantase en la idea de vivir siempre junto con aquel compañerito de su infancia. ¿Para qué tantos consejos, tantas prevenciones? Nada comprendía Luisa y empezaba a sentir una vaga inquietud que procuró disipar repitiéndose a sí misma, que aquel novio tan esperado, aquel marido tan solemne anunciado no era otro que su amigo Carlos, su gracioso Carlos, el cual se presentaba todavía con su carita redonda y blanca, sus largos cabellos, sus grandes ojos negros llenos de candor y alegría, y su risa infantil y estrepitosa. Casi se le figuraba que al verle, a pesar de todas las advertencias del venerable triunvirato, no podría contenerse sin correr a abrazarle. Mientras ella pensaba esto la repetía a su madre, por centésima vez. -Niña, es preciso no estar ni tan seria que parezca que no tomes parte en el placer de la familia, ni tan risueña y contenta que pueda creerse que te hallas con el derecho de manifestar que recibes la mayor parte. Compostura, Luisita, moderación, y, sobre todo, silencio. Una doncella bien educada no habla sino lo indispensable, mayormente en la primera visita de su futuro esposo. En el momento en que se terminaba esta arenga, probablemente para volver a comenzarla, oyose el ruido de un coche que paraba a la puerta y las tres señoras exclamaron a la vez, arreglando sus toquillas con majestuosa y casi solemne compostura. -Ya están aquí. Los hermosos ojos de Luisa se dirigieron involuntariamente hacia la puerta, pero doña Leonor la dio un golpecito con el abanico en el hombro, diciéndola con severidad. -¡Niña, niña!

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70 min Natural Desnudo Adolescente Arte Núcleo Duro

650 mb Natural Desnudo Adolescente Arte Núcleo Duro Avanza hacia la batería, y yo me ahínco en la barandilla del palco para mejor verle. Es una especie de arcángel, todo encorazado de escamas, en las cuales riela, culebreando, la luz eléctrica. La suerte ha querido que no sea ni gordo, ni flaco de más, ni tenga las piernas cortas o zambas, ni un innoble diseño de facciones. ¡Qué miedo sentía yo a ver salir un Lohengrin caricaturesco! No, por mi ventura grande. Llámase Cristalli, y hasta el nombre me parece adecuado, retemblante y fino como el choque de dos copas muselina. ¿Su edad? Rasurado, con los suaves tirabuzones rubios de la peluca, simulando el corte de cara juvenil, se le atribuirían de veintidós a veinticinco años, pero la viril muñeca y el cuello nervudo acusan más edad. Y todo esto de la edad, ¡qué secundario! Lohengrin no es el héroe niño, como Sigfredo. Es el paladín; puede contar de veinte a cuarenta. Sabe andar grave y pausado; sabe apoyarse en su espada fadada; sabe permanecer quieto, esbelto, majestuoso. Sobrio de movimientos, es elegantísimo de actitudes. Y me extasío ante el blancor de su vestimenta de guerra. El tema del silencio, del arcano, vuelve, insistente, clavándose en mi alma. «No preguntes de dónde vengo, no inquieras jamás mi nombre ni mi patria. ¡Así se debe amar!

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